Como viene sucediendo desde
hace algunos años se realizó hace unos días una nueva edición de la Marcha
mundial por la Marihuana, en la misma se congregaron miles de personas que
abogan por que el estado deje de perseguir a quienes deciden consumir dicha
planta y disfrutar de sus efectos sobre la percepción, entre los participantes
había desde luego consumidores y también gente que si bien no consume se opone
a que el estado regule un acto privado como lo es fumarse un porro, desde el
punto de vista libertario cualquier movimiento que abogue por abolir la
injerencia estatal en lo que las personas hacen con su propio cuerpo merece
todo nuestro apoyo, ahora bien como expondré a continuación no todo es color de
rosas.
En todas estas marchas la
idea subyacente es siempre que la marihuana debería ser legalizada puesto que
no es “tan nociva” como otras drogas e inclusive que es menos nociva que otras
sustancias cuyo consumo y venta no está prohibido por el estado como el tabaco y el alcohol, de aquí se
desprende la peligrosa idea de que el estado no tiene derecho a prohibirnos
consumir lo que queramos salvo que aquello que decidimos meternos en
nuestro cuerpo sea catalogado arbitrariamente como “peligroso”, incluso en las
marchas se puede ver a gente que pide la prohibición del tabaco lisa y llana
como también del alcohol, es decir son libertarios con respecto a la marihuana
y fascistas respecto a las sustancias que ellos consideran nocivas para la
salud.
¿Ley? Manifestantes pidiendo que el estado solucione los problemas causados por el estado
Es acá donde queda moralmente
deslegitimado el movimiento por la marihuana ya que querer que se prohíba una
sustancia por el sólo hecho de que esta es peligrosa para la salud viola el
derecho inalienable de disponer como nos parezca de nuestro propio cuerpo, además
deja en manos de los burócratas de turno la potestad de decidir arbitrariamente
lo que es o no “peligroso”, esta arrogante actitud de erigirse en protectores o
tutores pasando sobre la voluntad de las personas es la piedra fundamental de
todo autoritarismo, sin embargo muchos de los que sostienen estas ideas creen
ser adalides de las libertades individuales, libertarios y rebeldes. Por otro
lado es risible imaginarse el absurdo mundo donde a rajatabla cualquier
sustancia potencialmente nociva para la salud estuviera prohibida, invito al
lector a imaginarse lo insoportablemente aburrido que sería ese lugar.
Aquí entra en juego otro
factor, la auto-censura, años y años de adoctrinamiento estatal sobre la
peligrosidad de las drogas y sobre todo la falsa idea de que drogarse es un
acto inmoral (es tan moral como comerse un bife o tomarse una aspirina) sumado
a la persecución penal de quienes consumen estas sustancias han hecho que los
consumidores de otras drogas que no tienen el halo romántico hippie impuesto
por la cultura pop que tiene la marihuana oculten que consumen drogas como la cocaína
o la heroína y en muchos casos se vean a sí mismos como delincuentes y parias
sociales a pesar de que el número de personas que consumen drogas “ilegales” es
enorme.
Es por eso que apoyaría sin
reparos marchas que decidan cambiar el enfoque, en vez de pedir que se deje de
perseguir el consumo de una sustancia por que “no es muy nociva” debería
exigirse que el estado deje de regular la vida privada de las personas, que
cada uno es libre de experimentar con la sustancia que desee, de estimularse e
incluso de auto destruirse ya que es dueño de sí mismo, apoyaría también a los
consumidores de otras drogas que decidan “salir del closet”, sentirse
orgullosos de su estilo de vida y sumarse a marchas multitudinarias pidiendo
por la despenalización de la producción, consumo y venta de todas las drogas y
de la liberación de miles de inocentes que se encuentran privados de su
libertad por el “delito” de vender una planta o sus derivados, estas marchas
sin fisuras morales, sin contradicciones serían mucho más provechosas para la
causa de la libertad puesto que servirían para lograr que la sociedad tome
conciencia de lo absurdo de la prohibición de sustancias y de lo injusto de los
crímenes sin víctimas.
“De la piel para adentro
empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa
frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más
sagradas que los confines políticos de cualquier país.”
Antonio Escohotado








